Un año después de su muerte, como homenaje póstumo, se emitió la serie televisiva de veinte capítulos que Marta Traba había grabado para RTI Televisión: La historia del arte moderno contado desde Bogotá. Filmada en las calles de la capital colombiana el mismo año de su trágica muerte en un accidente aéreo (1983), esta producción marcó el retorno simbólico de la crítica e historiadora del arte al país del que había sido expulsada a finales de la década de 1960. De carácter pedagógico, la serie reactivaba los esfuerzos que Traba había emprendido a mediados del siglo XX por utilizar el medio televisivo como plataforma de formación pública y como herramienta de mediación entre las artes visuales y un público amplio.
Como su título de la serie lo sugiere, esta versión de la década de 1980 proponía un desplazamiento estratégico: narrar el canon de la historia del arte del siglo XX —Europa, Estados Unidos y América Latina— desde Bogotá. Más que un simple gesto geográfico, se trataba de una operación crítica que situaba la producción local en diálogo, tensión y confrontación con las corrientes internacionales. Tal como lo señaló la propia Traba, inscribir la práctica artística en relación con los movimiento canónicos del arte occidental ha sido una constante en la historia del arte colombiano. La distancia material y simbólica que separa a los grandes museos occidentales de la capital colombiana ha convertido la apropiación de la historia del arte en un campo de reflexión recurrente: una estrategia mediante la cual los artistas interrogan su posición entre nacionalismo y cosmopolitismo.
Esta exposición se inscribe en esa genealogía. Reúne el trabajo de artistas contemporáneos que continúan explorando la historia del arte no como repertorio estable, sino como materia activa de estudio, cita, desplazamiento y relectura. Al situar sus prácticas en Bogotá, estas obras actualizan la pregunta por el lugar desde donde se enuncia el arte y por las condiciones que determinan su inscripción en narrativas más amplias. Así, la muestra propone pensar la historia del arte no como herencia fija, sino como territorio en disputa y como herramienta para imaginar nuevas formas de pertenencia y proyección internacional.